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Unidos nos ponemos de pie. Dispersos, nos derrotan

Desde hace dos años los argentinos vivimos una vengativa, desaforada, cruel, despiadada y pesadillesca restauración de las mismas fuerzas que engendraron la sangrienta contrarrevolución de 1955, promovieron el régimen de terrorismo de Estado en 1976, y luego nos llevaron a la catástrofe de 2001 a través de la traición (ésa sí, traición mayúscula) de Carlos Menem en 1989.

Es hora de retomar la iniciativa

La reciente reunificación de la CGT, así como la foto de confluencia entre Cristina Fernández de Kirchner y Daniel Scioli, fueron para Mauricio Macri y la casta de vendepatrias que lidera más significativos que los resultados cada vez más inquietantes de las encuestas que, frenéticamente, organizan con fondos públicos el Pro y sus títeres de la UCR (ya totalmente entregada a su papel de esquirol del Régimen que, cien años atrás, intentaba combatir Hipólito Yrigoyen)

Para dar forma a la rebeldía, programa y frente de salvación nacional

En los escasos meses que lleva entregando el país al parasitismo oligárquico y al saqueo imperialista, el régimen presidido por el multiprocesado, fugador y contrabandista Mauricio Macri ya enfrentó cuatro grandes movilizaciones de gran envergadura, y está a punto de ser embestido por una quinta: el paro y movilización de ATE y CTA, que se va a reiterar el 2 de junio, la multitudinaria concentración conmemorativa del 40º aniversario del 24 de marzo, la afluencia masiva en que concluyó la chirinada judicial del impresentable Bonadío contra Cristina Fernández de Kirchner ante los tribunales de Comodoro Py, y los centenares de miles de trabajadores y aliados que convocaron las cinco centrales obreras el 29 de abril.

Una grave derrota y signos de resistencia

La pesadilla macrista logró, en cien días, aquello que ningún presidente había logrado después de la restauración de la democracia formal en 1983. Ni siquiera los regímenes de vasallaje democrático que se sucedieron desde Alfonsín hasta De La Rúa habían sufrido durante los sacrosantos “cien días” iniciales una merma en los niveles de aceptación pública
del primer mandatario. Por el contrario, todos ellos habían elevado su popularidad, a hombros de renovadas esperanzas populares, y sobre esa fuerza habían consolidado su poder frente a las diversas oposiciones, políticas y de cualquier otro tipo, que tuvieron que enfrentar. No así el macrismo, cuya popularidad empezó a caer apenas llegó al gobierno. Un verdadero récord.