Después de las PASO, generosidad con los propios y firmeza contra el enemigo

Después de las PASO, generosidad con los propios y firmeza contra el enemigo
Néstor Gorojovsky

Tiempo Argentino publicó el domingo 20 de agosto una entrevista de Martín Piqué a Glenn Postolski, Jorge Alemán y Daniel Rosso, bajo el sugestivo -aunque a nuestro modo de ver desacertado- título de “Cambiemos encarna una conquista del desierto cultural”.

En esa entrevista, el trío de intelectuales kirchneristas desgranó una serie de ideas y reflexiones sobre la realidad cultural del país dominado por el macrismo. La más valiente y profunda (y seguramente la más útil) de todas esas ideas la propuso Jorge Alemán, un sicoanalista argentino de fuertes vinculaciones con Podemos y de larga amistad con Ernesto Laclau, y que vive en España sin haber cortado sus vínculos con nuestro país.

Dijo Alemán en relación a la reciente campaña electoral: “El kirchnerismo ha querido dar lugar al desgarro, a mostrar cómo la vida se desorganizó, esa fue la fórmula. Pero hay un problema … en la figura de la víctima … que … denuncia la situación en la que está involucrada, pero no dice qué quiere … Y el problema es que … no alcanza con … narrar el infortunio. Es necesario expresar qué quiero, y que quiero otra cosa”.

Y agrega Alemán de inmediato que “eso no significa solamente que se unifiquen fuerzas políticas, o que haya una interna. Hay que partir del reconocimiento de que lo que había antes ya no está. Hay que ver si se lo puede crear nuevamente. Y, en el caso de lograrlo, nunca será igual a lo de antes.”
Efectivamente, “nunca será igual a lo de antes”. Esa apreciación lleva a pensar que lo que tiene que cambiar es también la composición de quienes dirigen aquello que ya no debe ser igual.

Nos apresuramos a aclarar que en modo alguno estamos haciendo referencia a la interna peronista. Esa disputa nos es ajena y desde el socialismo de la Izquierda Nacional solo podemos alertar sobre los riesgos que a veces nos hace correr a los argentinos cuando se libra en el plano de la política general del país y no de la, justamente, interna.

De hecho, esa “interna” ha impedido, hasta ahora, que el movimiento nacional en su conjunto reordene sus filas y las reoriente en un sentido de claro rumbo de futuro. Esto acarreó la tragedia macrista y también la indefinición ante el presente. Algo de esto planteó este periódico en una de sus primeras evaluaciones de la gestión kirchnerista, a principios de diciembre de 2003:

“La incipiente oleada de oposición [aclaramos hoy: a Kirchner, ya en las primeras semanas de gobierno: nunca hubo un “acuerdo de gobernabilidad” que lo protegiera y blindara] se orienta contra las tendencias insinuadas en los aciertos y no contra las limitaciones”.

“El país solo tendrá salida en el rumbo de los aciertos. Proa a esa salida renacerán las disyuntivas cruciales. Y allí se verá si se las puede resolver sin una conducción obrera del frente nacional”, agregábamos. Y eso es parte de lo que quizás no deba ser “igual”.

Necesitamos una nueva estrategia, dice Alemán, y acierta. Ahora bien: las estrategias son obra de los estrategas. La pregunta es de dónde, de qué sector social, va a surgir el estratega que permita dar ese paso hacia adelante. Que proponga, con capacidad y fuerza de movilización, un plan de superación de este presente al que nos trajeron –dentro y fuera del peronismo- estrategias (y estrategas) que deben ir más allá de lo declarativo en la recomposición de sus posicionamientos previos a octubre de 2015.

De allí la propuesta de volver la mirada, como lo hacíamos en 2003, a los trabajadores y el movimiento obrero. Fue un error del kirchnerismo mantenerse al margen de su creciente fragmentación, como si le diera lo mismo contar con una sola CGT o con cinco centrales sindicales. Y otro, más grande aún, poco tiempo después de que jugara un papel crucial en el aplastamiento de la “125” (ese intento oligárquico de matar al país de hambre poniéndole cerco al abastecimiento a las ciudades), volverle la espalda por una disputa sobre la fracción de la carga del sostén del Estado que debía caer sobre los hombros de los asalariados con mejores ingresos (en un país que, recuérdese, seguía sin gravar la renta financiera).

Patria y Pueblo opina que obstinarse en negarle ahora al movimiento obrero, en toda su variedad y organicidad y no solo a los sindicatos “amigos”, en el camino hacia esa recuperación de propuesta, el papel que ya supo cumplir cuando le puso el pecho a los piquetes oligárquicos de la Mesa de Enlace sería una nueva equivocación.

Ese camino no podremos recorrerlo -parece- en el entreacto PASO-legislativas, pero, como dice Alemán también, necesitamos pasar de la catarsis a la acción. Y esto requiere la máxima amplitud de convocatoria y la mayor generosidad en el trato a los convocados.

Requiere también consignas claras, que expongan el objetivo que se procura alcanzar en un lenguaje que las grandes mayorías sientan propio. Quien o quienes logren hacerlo estarán en condiciones de lanzarse hacia esa acción en primera línea.

Para los socialistas de la Izquierda Nacional que militamos en Patria y Pueblo, la soberanía popular, en 2017, se encarna en la persona de Cristina Fernández de Kirchner. Es el momento de abrir las puertas a todos los que quieran defender ese principio, y usarlo en contra del videlato electo que es Cambiemos (no creemos que sea una “nueva derecha”).

Para ello es necesario entender, sin embargo, que no por reconocerlo y defenderlo hay que dejar de proponer formas más abarcativas e inclusivas de organización del campo nacional que las disponibles hasta el momento.

Unidad Ciudadana inició una campaña con miras a las legislativas apoyada en dos conceptos fundamentales: (a) que tres de cada cinco votantes sufragaron contra el macrismo, y (b) que la mejor manera de impedirle el avance en su plan de destrucción nacional es el voto por UC en las legislativas.

Si bien al primer argumento se pueden y deben oponer los mismos reparos que opusimos al gorilaje cuando afirmó alguna vez que el 70% de los votos en cierta elección había sido emitido contra el gobierno kirchnerista, contiene en este caso una fuerte dosis de verdad: buena parte de ese voto “antimacrista” fue emitido por compatriotas que sostienen a su vez a antiguos aliados y apoyos del núcleo kirchnerista, que en diversos momentos, y por errores propios no forzados, terminaron jugando contra lo que hoy es UC, más porque no se les dejó otra alternativa que por otra cosa.

A ellos se dirige la campaña, como corresponde. Mas para que sea efectiva, ya que no en todos lados se aplicó la sensata fórmula usada en la CABA y Santa Fe (donde se recuperó el segundo lugar y se ganó, respectivamente) es necesario que hoy, ante todo, quienes estén dispuestos a aproximarse a Unidad Ciudadana no tengan que atravesar alguna forma de humillación o claudicación como a veces exigen algunos actuales integrantes que, en tiempos nada lejanos, trabajaron en contra de lo mismo que ahora defienden.

De esa manera, sí, Cambiemos no podrá convalidar su poder en las legislativas.

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